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JUAN CARLOS CARONE

Las Travesuras de un Atorrante
Nacido en Capital Federal el 18 de mayo de 1942, "Pichino", el seudónimo con que se lo identificaba, es otro de los futbolistas que inscribieron su apellido en el pedestal de los grandes ídolos fortineros. Prototipo del porteño, vivo, astuto, pícaro y ventajero, Juan Carlos Carone tuvo la sapiencia de trasladar esos atributos a los terrenos de juego. Con ustedes, el homenaje del Sitio Oficial a uno de sus máximos ídolos.
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Prototipo del porteño, vivo, astuto, pícaro y ventajero, Juan Carlos Carone tuvo la sapiencia de trasladar esos atributos a los terrenos de juego.

"Era un tremendo hijo de puta, capaz de distraerte en un córner hablándote de tu mujer o de tu hijo, tirándote tierra en los ojos o colgándose de tus pantaloncitos hacia abajo. Sacaba ventaja de todo". La definición poco literaria y exenta de metáforas o alegorías pertenece a Todos los arqueros que lo sufrieron y padecieron en la década del 60 y principios de los años 70, y es un fragmento de una crónica del periodista Enrique Martín. El gran Amadeo Carrizo completaba la semblanza sobre la figura en cuestión, con su recuerdo nada distante a lo anteriormente descripto, "Me tuvo loco. Me quitaba la gorra. Me tocaba el culo. Me preguntaba por mi hija mayor. Y me sacaba del partido. Entonces venia el tiro de esquina y ahí estaba él, para el toquecito goleador, a veces con la rodilla, a veces con la mano. Fue el gran atorrante del fútbol argentino, sin duda".

Bermudas, camisa abierta hasta el último botón y sandalias, conforman el atuendo acorde al caluroso verano del protagonista de esta página de Pilares del Centenario. Me aguarda sentado en uno de los bancos de material, bajo los laberintos de las ramas y los verdes intensos de las hojas de los árboles que decoran el prolijo boulevard de la calle Ramón Falcón, en Villa Luro, barrio donde reside desde hace varios años y donde uno puede encontrarlo charlando con allegados y amigos, y haciéndolos sonreír con el recuerdo de sus tropelías en las canchas de fútbol. Aquellos pocos que lo desconocen, nunca imaginarían, por su aspecto de vecino común, que el individuo que está frente a este cronista, bautizado como Juan Carlos Carone, además de un gran goleador, fue el generador de los episodios mas delirantes y cómicos de la historia del Fútbol Argentino, una pesadilla para guardavallas y defensores, el destinatario de insultos masivos de colegas y simpatizantes rivales, y el receptor de las sonrisas, el aplauso y la veneración generalizada del aficionado velezano.

"Pichino", -apodo legado por un italiano que alquilaba una habitación en su casa y que significa chico, en ese idioma-, fue una estrella única e irrepetible. Un personaje de historieta, de novela, casi de ficción, que transitó los diferentes escenarios futbolísticos y cuya mayor repercusión como jugador la obtuvo en Vélez Sarsfield.

Vélez Magazine arriba puntual al encuentro y lo sorprende una queja del entrevistado,"Te voy a buscar un par de fotos para que cambien la que ponen habitualmente", y sin colocar el freno, acelera, "¿Vos me viste jugar?", No, le respondo, "Bueno anotá", y entonces arranca un monólogo biográfico,"Nací el 18 de mayo de 1942. Me críe y pasé toda mi infancia en Villa Crespo. Mi viejo era el único fabricante de soldaditos de plomo para la fundación Eva Perón, fumaba cigarrillos Gavilán y tomaba mate. No sabía, ni le interesaba nada del fútbol. De pibe jugaba a la pelota en la calle desde la mañana hasta bien entrada la noche, o hasta que escuchaba la sirena del patrullero de la 29 que venía a secuestrarnos la Pulpo de goma, y me obligaba a escapar por arriba de los techos para salvaguardarla. En esa época era convocado obligado para partidos de papi en Unión de Caseros, y también formaba parte de un equipo en el que tenía como compañeros a Mesiano, Vieytes y Diez  entre otros.

Respira y hace una pausa. Le consulto: Tu primer experiencia seria en el fútbol fue River, ¿Quién te llevó y como fueron esos primeros pasos con mayores obligaciones?

Un primo jugaba en el Club y me arrimó a la novena división. El técnico era Cesarini. Yo actuaba como centrodelantero pero tenia un físico esmirriado, era flaco, muy delgado. Renato me ponía y me sacaba, nunca fui titular, entonces un día, ya estando en la octava, decidí no ir más y un año más tarde reclamé el pase que me entregaron sin inconvenientes.

Estuviste una temporada parado, y a la siguiente decidiste probarte en Atlanta….

Vivía a tres cuadras de la cancha y en casa se guardaban las banderas y los bombos. Me conocían todos. Quedé a cargo del Nano Gandulla que volvía de Boca. La tarde que apareció Gatti para hacer una evaluación le metí diez goles. Cuando terminó la prueba le dije al Nano que lo aprobara, que tenía condiciones y utilizaba mucho los pies. De no ser por esa sugerencia el Loco quizás estaría viviendo todavía en Carlos Tejedor (risas).

¿Cuando debutaste en primera?

El 5 de agosto del 62, frente a Gimnasia en La Plata, perdimos dos a cero, también debutó Gatti. El técnico era Zubeldia, el mejor, que nos bancó cuando era difícil sostener a los pibes de inferiores. La experiencia de algunos compañeros como Griguol, Conde o Clariá resultó un gran apoyo en ese inicio. Me acuerdo la fecha porque coincidió con el fallecimiento de Marilyn Monroe. La gente me quería mucho, había sido el abanderado en la inauguración del estadio y tenia una gran relación con el presidente León Kolbowsky que me protegía y cuidaba. Don León era muy respetado en AFA y defendió a los Clubes chicos ante la deseada escisión de parte de las Instituciones más importantes.

Un año y medio después ya jugabas en Vélez….

Atlanta necesitaba plata y Vélez me adquirió en 11 millones de pesos, 6 al contado y el resto lo pagó con la cesión de dos futbolistas. Le pedí a Kolbowski un porcentaje de la transferencia y se negó, tanto le insistí que al final me entregó dinero para comprar un departamento porque estaba a punto de casarme. Era bravo con la guita, igual que Amalfitani, pero eran hombres honestos y de palabra. Gracias a un adelanto de Don Pepe, una vez llegado a Vélez, puede construir mi primera casa propia.

Carone no era el típico puntero izquierdo y lo explica, "Jugaba sobre la izquierda pero era diestro, mi fuerte no era el desborde sino la diagonal. Esperaba que Luna,-a quien yo le recomendé a Amalfitani y rindió un montón, siendo el wing que tiraba mejores centros a la carrera-, llegara al fondo por la derecha y ahí encaraba hacia el área. A los defensores les molesta retroceder, hacía chocar al 4 con el 2, trataba de no encimarme con el delantero de punta nuestro y aprovechaba ese espacio para convertir", explica tácticamente. Pichino fue dueño de una gran capacidad goleadora e infló las redes adversarias 76 veces en 145 presentaciones. Con 19 anotaciones fue máximo artillero en el campeonato de 1965, y remarca, "En el 64 ya había terminado a solo dos goles de Veira, y eso que no ejecutaba penales, ni tiros libres". Tuvo escasa participación en el equipo campeón del 68 aquejado por una rotura del tendón de aquiles, pero hace una mención elogiosa sobre sus compañeros, "El grupo tenia grandes jugadores y de mucha personalidad como Daniel, un crack, un fenómeno; Zottola, Rios, Ovejero; y goleadores temibles como Wehbe y Bianchi; el plantel estaba unido y sólido, y la consecuencia fue el título logrado"

Dentro del terreno eras cargoso, pesado, insoportable, muy hinchapelotas. Algunos te comparan con Guillermo Barros Schelotto….

Era peor, afirma sin dudarlo. Mucho peor, admite sin pudor, y yo jugaba en equipos como Atlanta y Vélez en una etapa donde la camiseta de los grandes pesaba mucho y no había trasmisiones televisivas. De haber existido la tele de algunas hechos que protagonizaba se estaría hablando una semana.

Contame alguno….

Uh, son tantos, resopla memorioso. Entraba al área me tiraba y gritaba, así fabriqué muchos penales. A Carrizo le escondía los algodones con los que marcaba los postes del arco, le manoseaba el culo, le apretaba los huevos. Amadeo enloquecía, me vigilanteaba  con el árbitro y los defensores, se daba máquina. Miguelucci se tiraba antes de cada córner para que me expulsaran, entonces le decía, "Que te tirás si todavía no patearon", a Minoian, que era muy peludo, le arrancaba los pelos del pecho mientras le señalaba,"Sobra pelo Turco". Al Tano Roma lo escupía. Una tarde se enojó, me golpeó, lo echaron y nos dieron un penal con que empatamos el partido. Era jodido, sostiene como si hiciera falta aclararlo. El objetivo era provocar el nerviosismo del arquero y que este se lo contagiara a sus defensores y los desconcentrara.

Supongo que esos defensores te cagaban a patadas….

Me mataban. Yo me cubría con los jueces antes de los partidos, les avisaba que me iban a buscar y en ocasiones lograba que los echaran. Había tipos muy duros como Navarro o Silvera que te asesinaban e intentaban que arrugaras, incluso después de la infracción te pisaban en el suelo. La ayuda de los más grandes era fundamental en esos casos para defenderme.

Un gol que recuerdes…

Uno a Carrizo. Le metí un sombrero a Ramos Delgado y la calcé de volea clavándola en un ángulo. Y otro a Gerónimo. La estaba picando para salir de la meta, le aparecí de atrás, se la robé, y se la pasé por encima de la cabeza. Buscaba la pelota y yo le apuntaba, "¿Qué buscas, si la tenés adentro?", se mata de risa recordando.

Pichino dejó Vélez y se reencontró con Willington en el Veracruz de México. También vistió la camiseta de Racing. Fue seleccionado en la previa al Mundial 66,-jugó eliminatorias-, y comenta, "Me quede afuera una semana antes con el traje en el placard". Anhela la Copa y el Campeonato para el año del Centenario, "El plantel es largo y está bien armado", y cierra la nota con una frase, "Atlanta me dio el empujón y Vélez la trascendencia".

Mi amigo Osvaldo remarca, "Carone basaba su rendimiento en la astucia y el oportunismo. Pero sus goles no fueron solo producto de estas particularidades sino también de una táctica elaborada que sumada a una técnica muy particular revelaban un alto grado de capacidad intelectual. Conocía en profundidad la estrategia del juego y el mejor modo de explotarla. El no marcaba a nadie, pero sus adversarios perdían el control porque no lo podían marcar a él.

Pichino vuelve a casa. Peloteando territorios de leyenda. Bufón, arlequín, entretenedor inigualable del espectador futbolero. Comediante exitoso premiado con el cariño y el afecto perdurable de todos los velezanos.

 

Gabriel Martínez