Vélez

Club Atlético Vélez Sarsfield

CAVS

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Subcomisión del Hincha Fortinero Vélez Sarsfield

RINCÓN DEL HINCHA SUBCOMISIÓN DEL HINCHA FORTINERO

El viajar es un placer

Ese sábado 13 de febrero de 2000 jugaba VELEZ en Santa Fé, contra Colón, en los albores de un Torneo Clausura que acababa de ver la luz. Los preparativos de siempre en los micros que fletaba Viajes y Turismo, casi como en estos tiempos. La Pandilla había salido unas horas antes, el resto de la gente se aprestaba a hacerlo luego, la mancomunión de la sangre azul y blanca se unía en todas sus formas incluyendo a los autos fortineros con los que más tarde nos iríamos encontrando en la ruta. El partido era a la noche, nosotros salíamos bien temprano con la previsión de costumbre de los insufribles cacheos policiales. La caravana transitó la ruta con la alegría de siempre, con la ilusión en forma de "V", con las gargantas entonadas por tanto elixir espirituoso, con todas las ganas de alentar hasta la afonía. Hete aquí que un convidado de piedra asomaba por las ventanillas: extensos y eternos nubarrones se confundían con al anochecer que lentamente le iba ganando la pulseada al sol. Cada kilómetro avanzado acrecentaba lo plomizo de la atmósfera, casi que iban de la mano. Una gotita en el vidrio de la ventanilla, y otra, y otra más, y cada vez más copiosa. Una lluviecita que podría importarnos, es más, tiene ese que se yo, que de visitante y con lluvia, transforma los espiritus para sacar la bestia que tenemos adentro para hacer sentir nuestros gloriosos colores con un aliento extra que sale desde lo más profundo de las entrañas. Pero lo que había comenzado con la levedad de una tormenta pasajera, minuto a minuto, segundo a segundo, se iba transformando en un tornado, que bamboleaba los micros, que se filtraba por las hendijas, que nublaba el camino, que traía incertidumbre sobre el destino del partido. Primero había que llegar a destno, claro. Porque aquella efervescencia inicial había trastocado por caritas de mesura. Con la hora veníamos bien, eso no era inconveniente. Llegamos al fín en medio de una lluvia aterradora de relámpagos y torbellino de ventisca. Accesos anegados, barrial, mini piletas que se formaban y que nos convertían en atletas de salto en largo para sortear esos escollos. Pequeño detalle: nadie tenía entrada, había que sacarla. Los bolsillos practicamente no existían y lo que había dentro (documentos y unos pocos pesos) eran restos de lo que habían sido. La incertidumbre era que hacer, ¿ se juega o nó con este temporal ?, ¿ sacamos o nó la entrada ?. ¿ Que carajo hacemos?. Má´ sí, plata o mierda, algunos intrépidos gatillamos con lo que atinamos a rescatar de los bolsillos y adentro. Estadio a oscuras, semivacío, cataratas de agua que recorrían los escalones. Ahí quedamos perplejos, estoicos, tienen que salir nuestros soldados a la cancha, como sea, tienen que salir, mirá el viaje que nos comimos. No pasaron quince minutos de aquel ingreso y tres ñatos con piloto y una número cinco en la mano saltaron al inundado césped. Eran los árbitros. No caminaron ni diez pasos, tiraron la bocha al piso y... se la llevó la corriente. Huyeron despavoridos. Acto seguido la Voz del Estadio; " se comunica a los espectadores que el partido fue suspendido para mañana a las 15 hs.". Chán. El mundo abajo. ¿ Y ahora ?. ¿ Nos quedamos acá mojados toda la noche ?. Que importa, con tal de ver a VELEZ no importa nada. Negociaciones con los responsables de Viajes y Turismo; no hay caso, los micros se vuelven, no se pueden quedar. La Pandilla, en aquellos tiempos con vínculos amistosos con los de Unión, pernoctó en la Tatenguita. El resto de los mortales, de vuelta a Baires, todos mojados, al borde de la gripe, con la desilusión y la tristeza. Semejenate esfuerzo y encima lo postergaron para el día siguiente. A eso de las cinco ya estábamos en casa, baño caliente y a dormirse con toda la mufa.

Suena el teléfono. Una y otra vez, ring, ring, ring... la mente parece estar en la estratósfera. Después de un rato la noción se recupera y se atiende el llamado. " Hola boludo, estamos en la puerta, salí Ya que volvemos para Santa Fé con el auto, apurate que no llegamos ". El reloj marcaba las 11. En menos de dos minutos ya estaba afuera con la casaca (una seca, claro), la cabeza dormida, los dientes lavándose por el pasillo, el meo encima porque había que acortar tiempo. Los cuatro con la felicidad en el alma, ese domingo 14 de febrero era a pleno Sol, como salido de una película. A lo lejos, el Arco Iris que nos indicaba el camino para seguir a Nuestro Fortín. Veníamos de 924 kilómetros (entre ida y vuelta) truncos e íbamos por la repetición... ¡ juega VELEZ carajo y hay que estar !. 1884 kilómetros en total practicamente en continuado, no importa nada. A 160 en la ruta, no existía hambre o sed físico, solo hambre y sed de ver una "V" azulada salir a la cancha. Que locura. Pero que felicidad. Metimos récord de velocidad. Tiramos el móvil por ahí, con la media entrada cortada y toda húmeda, hicimos valer que habíamos estado anoche. Entramos y salía VELEZ al campo. Deber cumlido. Solo estaban el grupo de La Pandilla , algunos intrépidos que vagabundearon por la noche santafesina y los cuatro locos del doble traslado. Todavía no había meado y la vejiga explotaba. Ahora esperá hasta el entretiempo, la puta que te parió. Gritamos el triple, dejamos el alma y el corazón en esa popular. El viajar es un placer si se trata de estar junto al Amor de Nuestras vidas.

Ah... al final perdimos 1 a 0. Me chupa un huevo. Lo importante es que igual estuvimos. En las buenas y en las malas, podés contar con esta hinchada. Que sería del Fútbol sin el hincha, que sería...

DANIEL ORTIZ