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Subcomisión del Hincha
Historia de las Banderas

Vélez sos mi Vida

La bandera que les presentamos en esta ocasión es una rareza: ya está jubilada. O más o menos en eso anda. Sus propietarios consideran que cumplió un ciclo. La llevan solo a los eventos que creen merecedores. Es como una bandera de ceremonias. Distinta a las demás. Su tamaño es considerable. Mide 11 metros de largo por 1.20 de ancho. Y la frase que lleva impresa nos representa a cada uno de los que vibramos por la V azulada. Es la bandera que dice “Velez sos mi vida”.

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El día que decidimos hacerla, allá por el 1994 la frase salió al toque. Debajo tiene los nombres de nosotros cuatro: Anibal Listorti, Edgardo Bianchi; Gastón “Ardiles” Herrera y Orlando Tabares.

La bandera que les presentamos en esta ocasión es una rareza: ya está jubilada. O más o menos en eso anda. Sus propietarios consideran que cumplió un ciclo. La llevan solo a los eventos que creen merecedores.

Es como una bandera de ceremonias. Distinta a las demás. No es como la que está en el mástil todos los días. Ésta aparece en jornadas especiales. Por ejemplo, para el Centenario, o en partidos importantes, o cada vez que salimos campeones.

Su tamaño es considerable. Mide 11 metros de largo por 1.20 de ancho. Y la frase que lleva impresa nos representa a cada uno de los que vibramos por la V azulada.

Es la bandera que dice “Velez sos mi vida”.

 

Seguramente la recuerda porque estuvo más de una década en cada cancha que jugáramos. Y quizás también la extrañe. Un trapo importante que un día dejó de venir para hacerse presente solo en ocasiones muy especiales.

-El día que decidimos hacerla, allá por el 1994 la frase salió al toque. Debajo tiene los nombres de nosotros cuatro: Anibal Listorti, Edgardo Bianchi; Gastón “Ardiles” Herrera y Orlando Tabares.

La historia de este trapo nos la van a contar dos de los integrantes de este cuarteto de amigos: Edgardo y Orlando. Se pisan al hablar, uno comienza una frase y el otro la termina, uno ríe mientras el otro relata una anécdota sabiendo el final gracioso. Son dos treintañeros que vuelven el reloj atrás de golpe para ser otra vez adolescentes, precisamente el momento que crearon la bandera.

-La hicimos en 1994 cuando íbamos a la facultad de la Matanza tres de nosotros. Nos conocimos ahí porque éramos los que íbamos a cursar siempre con pilchas que identificaban nuestro amor por El Fortín.

-Y los días de partido faltábamos todos.

Gastón es el único que cursaba en la UBA. Los cuatro finalmente se recibieron de Contadores Públicos.

-Primero hice un trapito de 1 metro por 1 metro que lo ponía en la Platea Norte. Decía “Vélez te amo”. Nos dice Edgardo orgulloso de aquellos tiempos.

-También tuvimos otro trapo alternativo muy desprolijo hecho con aerosol que decía: “Vélez ponga huevo y corazón”.

-Y también uno con una frase de los Redondos que nos parece la mejor del fútbol argentino: “No te quedó sueño por vengar”. Ese es una tira de 11 metros con letras medio góticas.

Como vemos estamos ante un grupo de publicistas de alto vuelo. Con todo el tablón encima. De esos que con solo cuatro o cinco palabras saben resumir la idea que todos tenemos y damos vueltas y vueltas para enunciarla.

-La bandera la hicimos en la casa de los viejos de Edgardo. Compramos una tela bien gruesa. Eso hizo que nunca se rompiera mucho, pero que pesara una tonelada y que la tuviéramos que llevar en un bolso inmenso indisimulable. Las letras son de un paño hermoso medio aterciopelado que primero tuvimos que dibujar con tiza, después cortar y por último pegar. Fue tremendo. Usamos kilos y kilos de Suprabond. ¡Nos agarramos un mambo, quedamos todos del coco! Teníamos que abrir todo porque era irrespirable.

Recuerdan y se matan de risa. El relato de cada detalle de lo que fue hacer el trapo es terrible. Y cuanto peor más gracia les causa. Son dos hombres rememorando travesuras.

-Uno en la adolescencia quiere pertenecer a un grupo y contárselo al mundo. La bandera fue la forma que encontramos nosotros de hacerlo. No teníamos hijos ni esposas. Vélez simplemente era nuestra vida. Hoy crecimos, tenemos familias. Nuestro sentimiento no es menor pero no podemos hacer las mismas cosas que antes. Por eso ahora la llevamos solo cuando nos paree que no puede faltar.

-El amor está intacto, pero las prioridades cambian.

De pronto los dos se pusieron serios.

-Llevar una bandera de dimensiones tan grandes no es algo simple. No se puede ir solo, se transforma enseguida en presa codiciada por las demás hinchadas, hay que resolver los viajes al interior, la guita, tomar muchas medidas de seguridad que incluyen a tu familia. Cada vez que volvés de la cancha te tienen que esperar de adentro para abrirte la puerta del garaje como si fuera un grupo comando. Y llega un momento que te cansás un poco.

-Una vez el viejo de Edgardo (más fanático de Vélez que nosotros cuatro juntos) nos llevó a River. Nos dejó a siete cuadras. Y tuvimos que cruzar toda la hinchada gallina. Cualquiera se hubiera dado cuenta que llevábamos una bandera en el bolso. ¡Y que éramos de Vélez! No se de donde éste sacó un gorrito de River. Me lo puso en el bocho y así atravesamos todo hasta llegar del lado visitante. Nos terminamos cagando de risa. Pero esa vuelta pensábamos que se pudría.

El estreno fue en el partido contra River de la Libertadores del 95. Aquel que perdimos por penales.

-Nunca sentimos que fuera una cábala. Mirá que desde que la hicimos dimos muchas vueltas olímpicas. Pero no pensábamos que si no la llevábamos perdíamos. Simplemente lo hacíamos porque queríamos. Era como si el equipo ese día jugara sin los botines. Era parte de la utilería del Club.

- El día que la hicimos nos quedamos extasiados mirándola. No podíamos creer haber hecho esa obra de arte. ¡Y de pronto vino la perra de Edgardo y la meó! Con la locura que teníamos por el pegamento y el cansancio de todo un día de laburo nos tiramos al suelo de la risa.

-Fue el bautismo. ¡Que perra hija de puta!

La bandera es famosa no solo por su dimensión o por su frase contundente. También porque salió un montón de veces en la tele.

-Un domingo vuelvo de la cancha de Boca y me pongo a ver “Futbol de primera”. ¿Te acordás de las presentaciones que hacían? Super copadas. Bueno, arranca y empiezan a mostrar la bandera letra por letra V- E-L- E- Z- S- O- S- M- I- V- I- D- A. Me caí de culo. Me puse a llorar como un pelotudo.

-Una vuelta nos hicieron una nota en “El aguante”. Ahí decíamos que no pensábamos cortarla en pedazos para poder entrarla. Era cortarse un brazo. Ni en pedo.

-Una vez en Colón no la pude pasar. La dejé en el micro y no vi el partido pensando en la bandera. Como dejar un bebé a cargo de otro. Así que si no entraba uno se quedaba afuera con la bandera.

Donde no tuvo problemas para ingresar fue en los casamientos de estos cuatro mosqueteros. En cada carnaval carioca se floreó entre la gente. Y si había invitados que no fueran de Vélez se la tenían que aguantar.

-Nuestras esposas se querían matar. Pero que se le va a hacer. Así nos conocieron. Al final todos terminaban cantando “Dale Veeeeeeee”.

Fueron 10 años de vivir pendientes de la bandera. De quien la lleva, como, con quien,  donde encontrarse, de colgarla, cuidarla, arreglarla.

Y llegó el final. Una decisión dura pero imposible de postergar. Los cuatro pibes se convirtieron en profesionales, con familia y obligaciones.

Y la jubilaron. O más o menos. Porque ahora se flamea al viento orgullosa siempre que El Fortín vive una fiesta. Cosa que por suerte cada vez pasa más seguido.

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