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Historias de Banderas

CDAD. EVITA

Hay banderas que tienen frases hermosas. Algunas creadas por sus dueños, otras que son parte de una canción. Las hay con dibujos de jugadores, de familiares, de alguna copa. Están las que llevan el escudo, o el Amalfitani. Y también hay trapos que nos hablan de un lugar. Puede ser una provincia, un barrio o una localidad del Conurbano. Hablamos de la bandera más antigua y seguidora del Fortín. Es la bandera de Ciudad Evita.

El trapo dice simplemente ''CDAD. EVITA''. El abreviado parece sacado del aviso de una inmobiliaria. Cevita, quien ostenta el título de diseñador gráfico, asegura que lo hizo así para que las letras sean más grandes. Y en un costado bien arriba lleva el escudo.

Hay banderas que tienen frases hermosas. Algunas creadas por sus dueños, otras que son parte de una canción. Las hay con dibujos de jugadores, de familiares, de alguna copa. Están las que llevan el escudo, o el Amalfitani. Y también hay trapos que nos hablan de un lugar. Puede ser una provincia, un barrio o una localidad del Conurbano. Que nos cuentan la procedencia de su creador. Es el caso de la bandera que les presentamos hoy. Bueno, presentar es un decir, porque todos la conocemos.

 

Hablamos de la bandera más antigua y seguidora del Fortín. La que estuvo en todos lados: en Japón, en el Morumbí, por toda Latinoamérica o en cada cancha de la Argentina donde Vélez se presentara.Es la que en el Amalfitani tiene su lugar debajo del cartel electrónico. Es la bandera de Ciudad Evita. Su DNI asegura que se llama Daniel Rodríguez, pero todos le dicen “Cevita”. La bandera lo bautizó a él.

 

Nació en setiembre de 1968. Tres meses antes de la primera hazaña. Y no hay dudas de que fue el hincha más joven que vio la primera vuelta olímpica fortinera en el Viejo Gasómetro. Una foto en la que Willington lo lleva así lo testimonia. El pibe vino con un campeonato bajo el brazo.

 

Desde chico su gran amor fue Vélez. Ahora jura que son dos: El Fortín y la bandera que sintetiza la bigamia.

 

El trapo dice simplemente “CDAD. EVITA”. El abreviado parece sacado del aviso de una inmobiliaria. Cevita, quien ostenta el título de diseñador gráfico, asegura que lo hizo así para que las letras sean más grandes. Y en un costado bien arriba lleva el escudo.

 

La bandera original la confeccionó en 1993 con la ayuda de sus padres, ambos trabajadores de la industria zapatera y fanáticos de Vélez. La hicieron en tafeta, una tela poco resistente que dos años después dijo basta. Y así llegó la que todos vemos cada domingo.

 

Aquí abrimos un paréntesis. El 24 de noviembre de 1995 le ganamos 2 a 0 a Argentinos. A la salida, cerca de la estación Liniers, un hincha de Vélez fue asesinado. Se llamaba Germán Barbaresi. La hinchada decidió hacer una bandera que lo recuerde. Se compró una tela larga y bien resistente para hacer un trapo que llegue desde la cabecera hasta el alambrado. 

 

Y sobró un pedacito. Unos 6 metros de tela que Daniel, perdón, que Cevita pidió para renovar su obra. Nacía de esta manera el trapo con más historia, el que recorrió cada cancha, el que ya vio once vueltas olímpicas atado en el alambrado detrás del arco o sobre las cabezas de todos.

 

-¿Después de 17 años estás pensando en renovarla otra vez?

-No sabés como está. Toda remendada por atrás con cintas para que siga aguantando. Este campeonato había pensado que no la iba a llevar más a la cancha. Creía que ya había cumplido un ciclo. Pero en la primera fecha, en Mendoza, los pibes la sacaron de entre todas las que habían llevado y me dicen “¿no la vas a colgar?”. Fue como si me mojaran la oreja. Y la colgué nomás. Por un lado me da lástima, pero por suerte veo que hay muchos trapos que dicen siempre “presente” y en algún momento la voy a jubilar.

 

Daniel, se ríe y cuenta. Disfruta de hablar de su criatura. Incluso en algún momento de la charla nos confiesa que la quiere y cuida como a un hijo.

 

-¿Alguna vez corrió peligro?

-Una sola vez hace años. Antes no se iba de visitante como ahora en micros y todos juntos. Fui a la Boca con la bandera enroscada en el cuerpo, toda encintada. Así lo hacía siempre. Iba en el 86 todo duro y cagado de calor. Me tenían que matar para sacármela. De pronto vienen unos “bosteros” a apurarme. Le pegué una piña a uno y ahí nomás batí el record mundial en los 400 metros llanos.

 

Otra vez suelta la carcajada. Son 17 años de ir a todos lados con ella. Es un amor correspondido.

 

-¿Por algún motivo alguna vez la bandera fue a la cancha sin vos?

­-Una sola vez. Me abandonó para irse sola nada menos que a Japón cuando jugamos la Intercontinental. Se la di al turco Asad, quien también es de Ciudad Evita. No podía estar ausente en donde hubiera otra vuelta, quizás la más importante de la historia velezana. Yo por la tele no la vi. Tampoco hay ninguna foto pero el Turco me juró que la llevó al estadio. En Ezeiza cuando volvieron con la Copa me la devolvió. Igual si la dejó en el hotel o la llevó a la cancha no importa. El turco me regaló el gol que mas grité en mi vida.

 

-Allá por 2001 o 2002 estaban prohibidas las banderas que midieran más de 2 metros por 1. Muchos las cortaban y le ponían velcro en los extremos para unirlas adentro. ¿Vos lo hiciste?

-¡No! Hubiera sido un sacrilegio. Iba a todos lados con ella así como está.  La mitad de las veces no me dejaban entrar. La llevaba a mi casa y volvía rajando a la cancha que fuera. No la iba a dejar en el baúl del auto: si alguien me veía lo “reventaba”  para robármela. ¡Y me moría! No hay nada que me joda más que ver un trapo fortinero en poder de otra hinchada. Por eso hay que cuidarlas mucho. Llevar un trapo a la cancha es mucha responsabilidad.

 

 -¿Tiene un lugar fijo solo en el Amalfitani o en todas las canchas?

- Después de 17 años de recorrer canchas sin faltar nunca a ningún partido tiene un espacio ganado por mérito propio. Antes era atrás del arco. Ahora bajo el cartel electrónico. Y en las demás canchas también tiene lugares reservados. Los que llevamos banderas nos fijamos mucho en que salga en la transmisión y esos detalles. Así que busco ponerla en los corners o lugares donde siempre enfocan.

 

-Además de la tuya, ¿qué otro trapo velezano te gusta?

-Me emociona que aparezcan banderas con la inscripción del barrio de quien la hizo. Es como ir marcando un territorio. Me gusta ver colgadas las de Villa Luzuriaga, Mercedes, Monte Grande, Caballito, Versalles. Pero muy especialmente la de Liniers, que es relativamente nueva. No podía ser que Vélez no tuviera un trapo de Liniers.

 

Daniel, o Cevita, no para de contar anécdotas y de mostrar las fotos que testimonian el recorrido de aquella tela. La misma que alguna vez puso sobre la máquina de coser de su vieja y que con la ayuda de ambos padres fue transformando en una pieza única, una reliquia, un acto de amor.

 

Un trapo que cuidó con su vida, que se empapó con mil lluvias, que defendió y mostró orgulloso, que rodeó su cuerpo en aquellos gloriosos años 90, que colgó en todas las canchas, que estuvo  donde la V azulada jugara y que hoy conocimos un poquito más.

 

En una de esas ahora, cuando la veamos sobre nosotros, la notemos mas altiva, desafiante y dueña de un respeto único. Aquel que dan los años y la presencia constante. Que estuvo y está siempre. Sin importar en que cancha juguemos.

 

Entrevista por: Juan Otero

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