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Club Atlético Vélez Sarsfield

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Carlos Bianchi

Por siempre Carlitos

HOMENAJES El Técnico Campeón de todo, el goleador que rompía todas las redes.

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JOSÉ OSCAR FLORES

La gambeta lleva su nombre
José Oscar Flores nació en Buenos Aires el 16 de mayo de 1971. Marcador central devenido por decisión del entrenador de juveniles Héctor Bentrón en un delantero vigoroso de piernas cortas y propietario de una extraña capacidad técnica, Flores está ubicado en el altar de los elegidos de la centenaria historia velezana.
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El reconocimiento generalizado lo alcanzó en el Torneo Clausura de 1993 de la mano del técnico Carlos Bianchi. El "Turu", su seudónimo, convivió en el ataque fortinero con Esteban González y Omar Asad, y contribuyó con su desequilibrio para lograr el esperado título autóctono tras 25 años de sequía.

"¿Quién fue el raro bicho

que te ha dicho, che pebete

que pasó el tiempo del firulete?

Por más que ronquen

los merengues y las congas

siempre fue tiempo para milonga [...]"

Y entre baldosas el tiempo se detiene mientras ensaya una pirueta más sobre el balón sediento de gambeta. Así caen los rivales derrotados hundidos en la humillación de encontrarse enredados en una danza sin pareja y sin piernas. Y ahí va la redonda... mareada y levemente alucinada con un toque sutil a descansar en el fondo pegadita a la red elevando gritos sagrados de gol. Mientras, él dibuja en su mente otras obras que luego llevará a sus pies, aún cuando el éxtasis de lo conseguido ronda en el aire.

José Oscar Flores, el pibe de melena sujeta por un lazo que desparramaba jugadores en su andar cansino y fugaz, como esas paradojas místicas del fútbol. El Turu, ese que se vistió de grande con un traje de gala y una V azul en el pecho recorriendo Tokio. Nacido un 16 de mayo. Nacido en Vélez un 28 de abril. Nacido en el fútbol mundial hace ya unos años un 1 de diciembre.

"[...] Vos dejá nomás que algún chabón

chamuye al cuete

y sacudile tu firulete,

que desde el cerebro al alma

la milonga lo bordó.

Es el compás criollo y se acabó [...]"

Alguna vez, Carlos Bianchi dijo de él, "Por cualidades técnicas es, para mi, el mejor atacante del fútbol argentino. El día que entienda que el gol vale igual empujando la pelota frente al arco que gambeteando a cinco rivales será una cosa seria... Está en camino de hacerlo y para mi sería una satisfacción muy grande". Y menos mal que algunas veces no le hizo caso, sino que sería de nuestras retinas sin aquella apilada frente a la popular local en el mismísimo Amalfitani, donde las camisetas celestes se chocaban entre si, donde las almas bajaban desde las gradas para acompañar al balón en su zigzag incontrolable e inesperado. Pero también que otras si lo escuchó, sino no hubiese gritado esos 14 goles en el clausura del 95, convirtiéndolo en el máximo artillero en ese torneo del fútbol argentino.

"[...] Pero escuchá... fijate bien,

prestale mucha atención.

Y ahora batí si este compás

no es un clavel reventón;

es el clavel, es el balcón,

es el percal, el arrabal,

el callejón, y es el loco firulete

de algún viejo metejón."

El tiempo lo llevó a vestirse de otros colores y sentimientos. Mientras tanto, el césped del Amalfitani acuna las huellas de sus hazañas. En ese viejo vestuario, debajo de la popular, descansa una TANGO de las tres tiras de la que algunos cuentan que se la escucha sollozar habitualmente en las tardes de domingo.