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CARLOS BIANCHI

Por siempre Carlitos
Carlos Bianchi nació en la Capital Federal el 26 de abril de 1949. De chico comenzó a demostrar su pasión por el fútbol al tiempo que colaboraba con su padre Amor en la parada de diarios localizada en el barrio de Villa Real. Precisamente de su progenitor-según él mismo afirma- aprendió el valor de la responsabilidad y el esfuerzo cotidiano, virtudes que lo acompañarían a lo largo de su dilatada y esplendorosa trayectoria.
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Muy joven se sumó a las divisiones menores de Vélez Sarsfield donde comenzó a destacarse por atributos muy preciados: Su soberbio pique corto y su tremenda capacidad goleadora.

Carlos Bianchi nació en la Capital Federal el 26 de abril de 1949. De chico comenzó a demostrar su pasión por el fútbol al tiempo que colaboraba con su padre Amor en la parada de diarios localizada en el barrio de Villa Real. Precisamente de su progenitor-según él mismo afirma- aprendió el valor de la responsabilidad y el esfuerzo cotidiano, virtudes que lo acompañarían a lo largo de su dilatada y esplendorosa trayectoria.

Muy joven se sumó a las divisiones menores de Vélez Sarsfield donde comenzó a destacarse por atributos muy preciados: Su soberbio pique corto y su tremenda capacidad goleadora.

Bianchi, ayudado por sus continuas anotaciones escaló con rapidez toda la progresión formativa dentro del Club y debutó en primera división con 18 años apenas cumplidos el 23 de julio de 1967 enfrentando a Boca Juniors, que casualmente sería la entidad ante la que jugaría su ultimo partido como futbolista profesional en escenarios argentinos el 1 de julio de 1984.

La primera división de ese entonces tenía como centrodelantero a una figura insustituible como Omar Wehbe por lo que la regularidad de Bianchi en la formación titular recién se hizo efectiva a partir de la temporada 69.

Su participación en el Nacional 68, primer título de nuestra historia, acusa 10 cotejos con 8 tantos.

Su ímpetu artillero y una seria lesión del "Turco" Wehbe le abren las puertas para el definitivo afianzamiento en el plantel superior a principios de los 70. Desde esa temporada empieza a ratificar su estirpe de atacante letal. Una mezcla de intuición, picardía, concentración y un aprovechamiento integral de errores adversarios y de  aptitudes propias para la definición. En su primera etapa vistiendo la V azulada (1967-73), el impiadoso artillero fortinero convierte 120 tantos y se consagra máximo anotador de los Torneos Argentinos de 1970 (18 goles) y del esquivo Metropolitano del 71 con 36 pepas en similar cantidad de cotejos, una cifra impactante para estos tiempos. En su soberbio recorrido perforando redes rivales Bianchi consumó epopeyas inolvidables clavándoles hat tricks a Talleres Cba, Gimnasia de Jujuy,  Independiente, Los Andes y la misma cantidad a Platense y San Lorenzo pero en dos ocasiones a cada uno de ellos. Pero su mayor tarde de gloria fue la jornada en la que batió en 5 oportunidades al golero de San Lorenzo de Mar del Plata el 7 de diciembre del 69.

Para agendar: Su primer tanto se lo convirtió a Argentinos Junirors un 7 de julio del 68 en un 4 a 2 en cancha de Atlanta, y una semana después le quebró el record de minutos invicto a uno de sus ídolos, Amadeo Carrizo en una igualdad en uno en el Amalfitani.

Las noticias, aún en tiempos de comunicaciones flojas, llegaron al viejo continente. Los goles de Carlitos trascendieron las fronteras y el Stade Reims de Francia realizó una jugosa oferta imposible de resistir. El cañonero velezano, ya casado con la mujer de toda su vida, Margarita Pilla, emigró al fútbol galo en 1973 y de inmediato desmitificó aquello del período de adaptación o del desconocimiento del medio y del idioma; y puso en evidencia una verdad de Perogrullo: Los arcos miden lo mismo en cualquier lado

En sus 7 temporadas en la Liga Champagne "El pelado" revalidó su puntería marcando 187 conquistas en 238 cotejos colándose como cañonero entre glorias del fútbol galo como Delio Onnis o Just Fontaine. El Reims, el Paris Saint Germain y el Racing de Strasbourg disfrutaron y gritaron sus conquistas.  En cinco ocasiones inscribió su apellido en lo más alto de la tabla de goleadores: 1974/76/77/78 y 79. Dos veces fue galardonado con el botín de bronce europeo, y una vez recibió el botín de Plata (el de oro fue para un chipriota que jugaba un torneo de solteros contra casados y del que nadie se acuerda)

Carecía del glamour estético o de las burbujas espumantes de un Zidane o un Platini pero suplía esas carencias con su asombroso pragmatismo. Para Bianchi no interesaban las formas, todos los goles valían uno, declaraba sin tapujos.

Regresó a Liniers en el 80 cargado de puntos de sutura en sus lastimadas piernas pero con el olfato intacto y una mochila repleta de sabiduría europea que disimulaba la pérdida de su mortal pique corto. Respetó y cumplió con la máxima de un contemporáneo de los guantes de boxeo, Oscar Bonavena, "La experiencia es un peine que te dan cuando te quedas pelado".

En su vuelta a casa dinamitó piolines rivales en 86 oportunidades, cifra que sumada a los 120 conseguidos en la primera etapa dan un número total que impresiona: 206 goles en 324 partidos. Para no perder la costumbre, en 1981 volvió a erigirse como el delantero más anotador en los certámenes locales.

La proyección indica que de no haber cambiado el Obelisco por la Torre Eiffel, Bianchi hubiera superado con claridad la línea de los top scorer del Fútbol Nacional: Arsenio Erico y Ángel Labruna.

Un coro de aplausos desde los cuatro costados despidió su retiro como futbolista en una derrota 1 a 2 ante los xeneixes en el Amalfitani. Bianchi colgaba los botines y guardaba los pantalones cortos dejando atrás una etapa cargada de gritos goleadores.

El jugador le daba paso al entrenador. Arrancaba otro ciclo. Bianchi cambiaba los goles por los títulos. Pero esa es otra historia.

 

Gabriel Martínez